¿Por qué se rocían los pilotos con champán en el podio?
Lo esencial
Los pilotos se rocían con champán en el podio porque Dan Gurney, piloto estadounidense ganador de las 24 Horas de Le Mans de 1967, fue el primero en agitar su botella hasta que el corcho salió disparado. Este gesto espontáneo se ha convertido en una tradición mundial, heredada de una costumbre que surgió en el Gran Premio de Reims en 1950.
- ¿Quién inventó la tradición de agitar el champán en el podio de la F1?
- Dan Gurney, piloto estadounidense ganador de las 24 Horas de Le Mans de 1967, fue el primero en agitar su botella de champán al llegar a meta, lo que provocó que el corcho saliera disparado y sentó las bases de este ritual que hoy en día se celebra en todo el mundo.
- ¿Por qué no hay champán en el podio en Baréin y en Abu Dabi?
- En Baréin y en Abu Dabi está prohibido el consumo de alcohol en el podio. Por ello, los pilotos se rocían con un zumo de frutas con gas, que sustituye al tradicional champán.
- ¿Qué marca de champán se sirve en el podio de la Fórmula 1?
- Moët & Chandon ha sido el proveedor de champán para los podios de la F1 durante varias décadas, desde que se iniciara esta tradición en Reims en 1950. En 2017, Champagne Carbon le sucedió como proveedor oficial.
Desde 1950, el champán en el podio de la F1 es un ritual sagrado, que surgió de una estrategia de marketing de la región de Champaña y se transformó gracias a la audacia de un piloto estadounidense.

La tradición se remonta a los orígenes de la Fórmula 1. El 2 de julio de 1950, el recién creado campeonato hizo escala en Francia para disputar el sexto Gran Premio de la temporada. El circuito de Reims-Gueux acogió a los pioneros de esta disciplina. Al término de una magnífica carrera, Juan Manuel Fangio se impuso por delante del italiano Luigi Fagioli y del británico Peter Whitehead. Como se aprecia en la fotografía del podio, Juan Manuel Fangio celebra su victoria con una botella de champán en la mano.
Una idea de Moët & Chandon
La idea surgió en la mente de dos primos aficionados al automovilismo y, de paso, famosos productores de champán: Paul Chandon Moët y Frédéric Chandon de Brailles. Dado que se trataba del Gran Premio de Reims, los dos amigos tomaron esta iniciativa que no pasó desapercibida: ofrecer una botella de champán al ganador de la carrera. Un gesto que fue unánimemente apreciado y una genialidad de marketing. Desde entonces, esta práctica se ha generalizado a otros deportes de motor (resistencia, rally) y a todos los Grandes Premios. De este modo, Moët & Chandon se ha asegurado un magnífico escaparate durante varias décadas. En 2017, el champán Carbon se convirtió en el proveedor oficial de la Fórmula 1 y ofreció jeroboams en los podios a un precio de 3 000 dólares.
Y Estados Unidos se revolucionó…
En la década de 1950 y hasta finales de la de 1960, los pilotos, como buenos «gentlemen drivers», disfrutaban educadamente del vino de Champaña. Pero Dan Gurney, un piloto estadounidense de gran talento y carácter jovial, cambiaría para siempre el destino de las famosas burbujas. El estadounidense, ganador de las 24 Horas de Le Mans de 1967, decidió llamar la atención agitando en la meta de la carrera la botella de champán ofrecida a los vencedores. El corcho explotó. Efecto y ducha garantizados.
Algunas desviaciones de la tradición
Desde aquel 11 de junio de 1967, el champán acaba casi siempre sobre el mono y el rostro de los pilotos, y ya no en sus estómagos (salvo por algún que otro sorbo). No obstante, hay excepciones. Al estar bajo contrato con una famosa marca de cerveza canadiense, Gilles Villeneuve a veces cambiaba en el podio las finas burbujas por el lúpulo. Una pequeña desviación de la tradición que se le perdonará de buen grado al difunto padre de Jacques Villeneuve.
Más recientemente, la apertura de la disciplina a nuevos países ha dado lugar a algunas «innovaciones». En Baréin o Abu Dabi, el champán en el podio está prohibido. Los pilotos se rocían con un zumo de frutas con gas. Una pequeña «perfumada» desviación de la tradición. Al fin y al cabo, a los pilotos les da igual la botella, siempre y cuando disfruten de la embriaguez… de la victoria.



